LA MENTE ABSORVENTE DEL NIÑO. de María Montessori
BIBLIOTECA EDITORIAL DIANA MEXICO 1a. Edición, Noviembre de 1986 17a. Impresión, Julio de 2004
Con esta obra, que es la traducción castellana de la versión italiana de The Absorbent Mind, publicada en la India (Madras), en 1949, María Montessori consideraba concluso y cerrado su vasto tratamiento científico y pedagógico que revelaba los valores del niño y de las posibilidades, probadas experimentalmente, de su desarrollo psíquico e intelectual.
Montessori empieza comentando que el niño es la construcción del mundo, nos dice que él está dotado de poderes desconocidos, que pueden encaminarnos hacia un luminoso porvenir. Si verdaderamente se quiere llevar a cabo una reconstrucción, el objeto de la educación debe ser el desarrollo de las potencialidades humanas.
Por muchos años hemos escuchado en aulas de nuestras maestras que los niños y la juventud son el futuro del mañana, actualmente los docentes vuelven a repetir esta frase en aula, de hecho la misma viene del poema de un autor muy reconocido quien inspiro a muchos educadores, Montessori concluye que la educación del niño debería de empezar desde los primeros días de nacido y el cuestionamiento que se hace es el siguiente, ¿Cómo educarse un niño apenas nacido o en el primero o segundo año de vida? ¿Cómo dar lecciones a una criatura que no entiende nuestra palabra y que ni siquiera sabe moverse? .¿0 acaso, cuando hablamos de educación de los bebes, nos referimos solamente a la higiene?
En la reconstrucción del mundo, se presenta fuentes psicológicas en las que se plasman que el desarrollo infantil se presenta desde las primeras horas del nacimiento, y que estas son unas riquezas no utilizadas; menciona Carrel que el periodo más rico es la primera infancia y la perdida de este periodo es irreparable, este se debería cultivar con máxima atención. El niño tiene una mente capaz de absorber conocimientos y el poder de instruirse así mismo.(Dr. Carrel. 1947)
También nos menciona que el niño a los dos años ya es capaz de reconocer a todas las personas y cosas de su ambiente, él no solo trata de reconocer lo que le rodea o comprender o adaptarse a nuestro ambiente sino que también forma las líneas generales de nuestros sentimientos. A los tres años el niño ya establece cimientos de personalidad, a los cuatro y medio ya saben escribir; a esta corta edad tienen el poder de absorber no sólo conocimiento sino también nuestra exquisita y vasta cultura.
El hombre debería de convertirse en el centro de la educación, él no se desarrolla en la universidad sino que se inicia a partir del nacimiento y se pronuncia a los tres años, ya no es un ser vacío como nosotros pensábamos que deberíamos llenar de sabiduría sino que es su propio constructor de inteligencia.
Montessori nos deleita con varias argumentaciones de cómo el niño va desarrollándose durante toda su etapa y una de ellas sostiene que la educación es rica en métodos, intenciones y finalidades sociales, pero ninguno propone la asistencia directa al individuo a partir del nacimiento; en todas las instituciones se debe uno adaptar a un programa nacional sin tener en cuenta si el estudiante tiene un problema físico de vista o desnutrición que afecte su rendimiento y esto conlleve a que lo supere aquel que reciba primero su diploma.
Los aportes que podemos encontrar también son los de W. Stern y Ch. Buhter, seguidores de la escuela freudiana, según sus análisis el desarrollo se dividen por periodos; el primero va a partir del nacimiento hasta los seis años, este se dividen en fases, de cero a tres años el adulto no tiene acceso a la mentalidad del niño y este aun no es influenciable; de tres a seis años el niño ya es influenciable y se logran grandes transformaciones en él; en el siguiente periodo que va desde los seis años hasta los doce años se ven reflejados mucha calma y serenidad, salud, fuerza y estabilidad segura en el niño; en el tercer periodo va desde los doce años hasta los diez y ocho años y también se subdividen en fases y ellas son de doce a quince años y de quince a dieciocho años en donde el cuerpo sufre grandes transformaciones y el individuo alcanza su madurez en el desarrollo.
El niño en su sique, absorbe las costumbres, los hábitos del lugar donde vive, a fin de que se forme el individuo típico de su raza. Este comportamiento “local” del hombre es una construcción misteriosa que también se produce durante la infancia. Resulta evidente que las costumbres y la mentalidad especiales de un ambiente son adquiridos por el hombre, por la sencilla razón de que ninguna de estas características podría ser natural para toda la humanidad. De ese modo, tenemos un cuadro más completo de la actividad del niño; el niño construye un comportamiento adaptado no solo al tiempo y al lugar, sino también a la mentalidad local.
En cuanto al lenguaje Montessori nos dice que el niño empieza este trabajo en la sombra del inconsciente; allí se desarrolla el lenguaje y se fija como una adquisición permanente. Los adultos sólo podemos concebir el deseo consciente de aprender una lengua y disponernos a aprenderla concienzudamente.
En cuanto al carácter, Montessori expone que ninguno de los filósofos, biólogos y entendidos en la materia pueden definir claramente la formación del misma, no obstante los estudiosos se refieren que el carácter tiene mucha influencia de las condiciones por las que pasan los niños desde el momento de la concepción hasta las situaciones por las cuales pasan durante su crianza y luego los individuos con los cuales se codean a medida que van creciendo y por sobre mucho depende de que el niño sea fuerte para que luche y venza los obstáculos que se le presenta en el ambiente, y el niño débil será el que sucumba a causa de condiciones desfavorables.
Los niños construyen el carácter, elaborando las cualidades que admiramos en él. Estas cualidades no surgen del ejemplo que pueda dar el adulto, ni de sus advertencias, sino a través de un largo y gradual. Durante este periodo, los adultos no pueden “enseñar” los valores que forman parte del carácter: lo único que se puede hacer es dar unas bases científicas a la educación, de modo que el niño pueda desarrollar su tarea con provecho, tranquilidad y sin obstáculos.
Para finalizar, podemos decir que todos nosotros estamos en constante adquisición de conocimientos con nuestra inteligencia, mientras que el niño no la adquiere sino que el la absorbe. Nosotros somos recipiente de impresiones que recordamos y tratamos en nuestra mente; el niño las impresiones no solo penetran en su mente sino que él crea su propia carne mental utilizando las cosas de su ambiente a esto es lo que Montessori llama "Mente absorbente".
